Medidas para la promoción del empleo de personas con discapacidad en Iberoamérica
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Sobre el programa

Alrededor de 1.300 millones de personas, es decir, aproximadamente el 16% de la población mundial, vive con una discapacidad significativa según la OMS (2022). Las personas con discapacidad son diversas, con capacidades y talentos que pueden aportar de forma decisiva al progreso social y económico, pero cuyo potencial no siempre es reconocido ni aprovechado plenamente. De ahí que su inclusión social y laboral sea un elemento esencial tanto desde la perspectiva de los derechos humanos como del desarrollo sostenible.

En numerosos países de Iberoamérica continúan existiendo barreras de carácter estructural que limitan la participación plena de las personas con discapacidad en igualdad de condiciones. Entre ellas destacan las dificultades para acceder a formación de calidad, la falta de adecuación de espacios y puestos de trabajo, el escaso conocimiento del tejido empresarial sobre el valor de su contratación y las deficiencias en sistemas de transporte accesible. Estas limitaciones reducen sus oportunidades reales de integración y repercuten directamente en sus opciones de incorporarse al empleo, lo que incrementa su exposición a situaciones de vulnerabilidad social y dificulta el acceso a trabajos formales, estables y con protección social.

Ante este panorama, se vuelve imprescindible reforzar estrategias, políticas e instrumentos que garanticen la igualdad de oportunidades y promuevan su inclusión efectiva en el ámbito productivo. Facilitar el acceso al trabajo no solo es una medida clave para combatir la exclusión y la desigualdad, sino también un motor de desarrollo económico y cohesión social. Además, el empleo contribuye a fortalecer la independencia personal, ampliar las perspectivas profesionales y favorecer una participación activa en la comunidad, consolidando así el pleno ejercicio de sus derechos.

Favorecer su acceso al empleo no solo contribuye a reducir desigualdades y prevenir la exclusión, sino que también impulsa el crecimiento económico y el bienestar colectivo. El trabajo remunerado facilita la autonomía personal, el desarrollo profesional y la participación activa en la vida social, fortaleciendo así su reconocimiento como sujetos de pleno derecho dentro de la comunidad.

La discapacidad influye en los ingresos de los hogares como consecuencia de un acceso a un nivel de escolaridad más bajo (vinculado a menor productividad y estabilidad); a menos participación en el mercado laboral (tanto de las personas con discapacidad como de las personas cuidadoras) y a mayores gastos relacionados con la salud, el transporte y la accesibilidad.

El empleo es una de las principales vías de inclusión social de las personas con discapacidad, no sólo genera beneficios para el propio trabajador/a (autonomía, autoestima, etc.) sino que tiene efectos positivos para toda la comunidad, al aumentar la cohesión social y aprovechar un valioso capital humano.

En 2012, OISS lanzó el “Programa sobre empleo de las personas con discapacidad en Iberoamérica” y que tiene como objetivo contribuir a la mejora del empleo de las personas con discapacidad en los países
iberoamericanos.

El Programa cuenta desde sus inicios con el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).